Slow Coffee Shop (La Latina) — Un brunch que apetece repetir

En Slow Coffee Shop el brunch de 20 € cumple: ambiente acogedor, bowl de pistachos y granola bien ejecutado y raciones que realmente llenan. Sin postureo ni fuegos artificiales, pero con sabor, buen servicio y ganas de volver. 🥥🥥🥥🥥½

Slow Coffee Shop (La Latina) — Un brunch que apetece repetir

Fecha: 17/01/2026
Hora: 11:45
Precio: 20 € (menú brunch)

Enero, 11:45 de la mañana, frío madrileño de ese que te hace replantearte tus decisiones vitales, y preguntarte por que la gente en esta ciudad se pone gafas de sol en Enero con 5ºC. Bajamos por La Latina con la firme convicción de que, si salimos de casa, al menos que merezca la pena. La puerta de Slow Coffee Shop estaba cerrada, sujeta con un cordón de terciopelo negro. Un detalle elegante que, en pleno invierno, también podría leerse como: “aquí dentro solo está lo mejor”.

Entramos.

Decoración que te abraza (sin asfixiar)

El sitio es acogedor de verdad. Madera, detalles vintage, algún guiño art nouveau que te hace pensar que aquí alguien ha mirado más allá del catálogo estándar de cafetería moderna.

La luz es cálida, favorecedora. Sales mejor en las fotos sin necesidad de filtro. Eso siempre suma.

Es de esos lugares donde te sientas y automáticamente bajas una marcha. El móvil deja de ser protagonista y el café empieza a tener sentido.

Decoración e iluminación: 🥥🥥🥥🥥🥥

El bowl que no venía a jugar

El menú brunch cuesta 20 €. En La Latina eso puede significar dos cosas: o sales feliz o sales mirando el ticket con decepción contenida.

Aquí fue lo primero.

El bowl de pistachos, granola, yogurt y dátiles llegó aparentemente inocente. Primer bocado: crujiente real (no esa granola que parece grava decorativa), yogurt con cuerpo y dátiles que aportan dulzor natural sin convertirlo en postre encubierto.

Está bien pensado. No pretende reinventar el brunch, pero tampoco lo necesita.

El zumo, eso sí, fue correcto… sin épica, con un ligero retrogusto a cartón de Don Simón.

Sabor: 🥥🥥🥥🥥🥥
Ingredientes buenos, ejecución cuidada y cero artificio.

Sales lleno. De verdad.

Aquí no hay ración minimalista disfrazada de sofisticación. Terminamos con sensación de saciedad real. No de “me tomaría una tostada al salir”, sino de “estoy bien, gracias”.

Mentalmente lo colocamos por encima de la media en cantidad en la zona. Y eso, en territorio brunch, es casi una declaración política.

Cantidad: 🥥🥥🥥🥥🥥

El baño también cuenta (sí, cuenta)

Limpio, mixto, con revistas y stickers que siguen la estética del local. No es solo un baño funcional; mantiene la narrativa del sitio.

Cuando un local cuida esto, suele estar atento al resto. No falla la teoría.

Servicios: 🥥🥥🥥🥥

Climatización: el frío no ganó

La puerta permanece abierta (con su cordón elegante) y hay algo de corriente cerca de la ventana. Pero durante la comida la temperatura fue estable.

No hubo ese momento incómodo de “¿alguien más tiene los pies congelados o soy yo?”.

Tampoco sufres ese momento incómodo de preguntarte ¿quien ha dejado la puerta abierta? Gracias al personal y al señor cordón de terciopelo, que evita curiosos y despreocupados.

Climatización: 🥥🥥🥥🥥
No molesta durante la experiencia.

Atención que sabe lo que hace

El equipo fue amable, rápido y —detalle importante— sabía exactamente lo que estaba sirviendo. Nada de leer la carta como si fuera la primera vez que la ven. Recomendaciones claras, trato cercano y eficiencia sin agobio.

Atención: 🥥🥥🥥🥥🥥

Precio que no duele

20 € por un menú brunch completo, con esta calidad y cantidad, está bien ajustado. Sales con la sensación de intercambio justo: tú pagas, ellos cumplen.

Precio: 🥥🥥🥥🥥🥥

Sensación final

Hay brunches que viven del hype. Otros viven de hacerlo bien.
Slow Coffee Shop pertenece al segundo grupo.

No es estridente, no busca ser el más “instagrameable” del barrio. Simplemente funciona. Y en un ecosistema saturado de tostadas de aguacate con complejo de influencer, eso casi resulta refrescante.

Nota global instintiva: 🥥🥥🥥🥥½
¿Volvería? Sí.

Porque a veces lo que uno quiere no es que le sorprendan. Es que le cuiden el desayuno y le dejen terminar el café sin prisas. Y eso, aquí, lo hacen bastante bien.

Si vas a madrugar un sábado, que sea con información